martes, 4 de abril de 2017

Ginevra

Era un día como otro cualquiera, parecía nublado y el ambiente con sabor a mentolado. Todo era un teatro, había actores principales, secundarios y hasta incluso figurantes. 
Me levanté, ví que mi camisa estaba con un botón de menos, como a mi corazón, algo le faltaba.
Fui a realzar la belleza de mis facciones faciales, vi como arrugas en el corazón y moratones en la piel, me pesaba el pasado pero también el presente. No solo echando maquillaje se fue, faltó más para que se fuera y nada ni nadie hizo que se fuera por entonces.
Mi pelo desaliñado, sin saber que hacerle, solo lo domé porque me propuse coger al mundo por montera. Al llegar al trabajo, leyendo un manuscrito, ví que mi vida estaba escrita entre líneas.
Aquí en Leningrado, Rusia sin saber por qué me ví sentada en un banco junto a un bolchevique quitandome la vida a caladas. Tabaco Negro.
Tabaco Negro y Vodka, solo faltaba la heroína o yo parecía heroína, ¿cómo seguir con mi vida? Si que me había enseñado algo el Che Guevara o Lenin y sus bolcheviques, y era a reinvidicar un modo de vida más justo.
Vivimos en pleno siglo XXI y yo, mujer indefensa achantada por el miedo a un hombre del que supuestamente estoy enamorada. ESA ES MI CRUZ, MI CALVARIE.
Viento componente sur, nubes aflojadas a soltar gotitas de angustia que caen sobre la tierra.
Vuelta a casa, suspiro tras suspiro, portazo tras portazo...que vida esta ¿no? En fin, soy como un velero buscando una vela con la que navegar hacia la dirección correcta. Abro la puerta de mi habitación y lo que más ilusión me hace es mi mapamundi, algún día ese velero recorrerá todo el mundo libre sin ataduras. Mi sonrisa se estanca cuando oye las llaves y la puerta, llega mi noche...y por lo visto movida.
Dolor inquietante.
Llantos insufribles.
Adios Mundo cruel.
VGN.
 
 

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