domingo, 2 de junio de 2019

Domingos de Colocón

Hazme creer que ya no puedo vivir sin ti, que esto mata lentamente y que cada día hay menos aire. Me asfixias, haces que me vuelva loca y es que tengo que confesar que hasta las paredes están hartas de oír a cada grito más alto. Es ansiedad, lo sé. Ansiedad de no verme volando sola en busca de un nuevo viento a favor, ansiedad por el tormento que me traerá la propia calma, maldita ansiedad. Pero es que como estamos como aquel vaso roto que un día estampaste contra la pared; rotos, dispersos, irónicos, miedosos...y mira que un vaso no puede ser irónico, hostia maldita metáfora. 
Encuentro cierto paralelismo entre nuestros dos abismos; mi abismo que hace que me aferre a cualquier clavo ardiendo y el tuyo que hace por luchar para retenerme pero no porque realmente me quiera sino porque realmente solo sabe quererse a si mismo. Jamás ví en tus ojos ese atisbo de lo que llamamos amor, sino solo lujuría y pasión por algo que codiciabas y que ya no codiciarás porque no tendrás. Lástima, eso siento, por verte tan dependiente de la droga llamada lujuría que va ligada al sexo. Me sentía utilizada, sin vida. No soy el personaje de Nora en "Casa de Muñecas" de Henrik Ibsen que al principio parecía esa esposa perfecta y sumisa, ella resultó tener hasta incluso más libertad que yo. 
Y es que en ningún momento me resultó una cárcel lo que vivimos pero me doy cuenta ahora que lo miro desde fuera que solo fue una mentira disfrazada, un baile sin melodía o un poema sin versos. No te importaba y lo sé, al igual que tampoco te importaban mis necesidades. Pero creo que es esta prosa la que me hace poner punto y final al capitulo de aquel libro que nunca debió empezar.
VGN.